La joyería artesanal en la entidad mexiquense data desde tiempos remotos, aunque fue en el Virreinato que se detonó la creación con la plata, cada pueblo plasma su iconografía, pero ante todo cuida cada detalle para garantizar plata de la mejor y más alta calidad con el objetivo de obtener piezas únicas, durables y fuertes.

En este sentido, visitar Pueblos con Encanto como San Felipe del Progreso es un escaparate que aporta a la moda artesanal un estilo totalmente enraizado en la etnia mazahua.

Además, es un municipio poseedor de una singular belleza ya que recorrer las calles de la comunidad de Plateros es retornar al origen de los productos artesanales realizados ahí, elaborados a mano a través de técnicas como el martillado, cincelado, repujado, engarzado y filigrana en plata natural y pavonada .925.

El proceso de elaboración es complejo, pues para crear piezas tan minuciosas y elegantes generalmente se funde la plata en un crisol con ayuda de una fragua.

Posteriormente, la pieza fundida se vierte en una lingotera para obtener una barra de plata, y de esta manera se pasa por una sucesión de orificios de diferentes tamaños para conseguir hilos finos.

Después se “entorcha” para darle el grosor deseado al hilo de plata, luego se martilla o cincela a través de instrumentos elaborados mayormente por personas artesanas de la región y por último se lija, limpia y abrillanta la artesanía elaborada en plata.

Otro rasgo interesante de esta artesanía data desde hace algún tiempo y hasta nuestros días ya que las mujeres mazahuas al contraer matrimonio deben realizar una promesa, por lo que el novio debe comprar un par de arracadas de plata con dos aves, lo que representa la ilusión de una vida en pareja llena de felicidad.

Además, augura un compromiso sólido y un comienzo próspero, en este sentido las arracadas pueden tener diversos tamaños e incrustaciones de piedras semipreciosas y finas.

 

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