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Hace 74 mil años, la erupción del supervolcán del Monte Toba desató toda su furia sobre el planeta. Fue tal la fuerza, que asfixió a la Tierra en una especie de invierno volcánico durante más de una década, casi exterminando a la humanidad a la sombra de su polvo. O eso era lo que se pensaba hasta ahoraCiencia.

Una nueva evidencia enterrada bajo la tierra africana, a casi 9.000 kilómetros de la escena de esta explosión colosal, revela una historia diferente: una en la que Toba lanzó su furia mortal, pero de alguna manera, los humanos sobrevivieron e incluso prosperaron bajo la oscura estela de la super-erupción.

Al parecer, cuando el supervolcán indonesio voló su parte superior, cubriendo unos 3.000 kilómetros cúbicos del área circundante en ceniza volcánica, también escupió otras partes casi invisibles: cryptotephra (fragmentos microscópicos de vidrio) bombeados a la atmósfera, que “vuelan” interminablemente con el viento antes de caer a la superficie.

Ahora, y bajo el microscopio, casi 75.000 años después, una de esas piezas deslumbrantes llamó la atención del geo-arqueólogo Panagiotis Karkanas, de la Escuela Americana de Estudios Clásicos en Grecia, mientras estaba tamizando sedimentos tomados de un área arqueológica llamada Pinnacle Point 5-6, ubicado a lo largo de la costa sur de Sudáfrica. Según el investigador:

Era una partícula de un fragmento de millones de otras partículas minerales que estaba investigando. Pero estaba allí, y no podía ser otra cosa.

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El análisis posterior de la firma química del fragmento (y de otro fragmento descubierto a 9 kilómetros de distancia) confirmó que ambos databan de la súper erupción. No fue lo único. Mientras el equipo cavaba, analizando meticulosamente cada centímetro de una columna vertical de 1,5 metros de altura, también descubrieron artefactos de piedra, huesos y otros restos culturales de los antiguos habitantes africanos de la tierra.

De manera sorprendente, el registro arqueológico sugiere que el estallido épico de Toba no interrumpió la vida de estas personas, al menos en la medida en que podemos discernir de sus vestigios de hace mucho tiempo que quedaron en el suelo. Según Karkanas:

Estos modelos nos dicen mucho sobre cómo las personas vivían en el sitio y cómo sus actividades cambiaron con el tiempo. Lo que descubrimos fue que durante y después del momento de la erupción de Toba, la gente vivía en el sitio, y no había evidencia de que afectara sus vidas cotidianas.

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Es más, la evidencia de actividad humana en el área aumentó después de la súper erupción, contrastando con investigaciones previas que descubrieron que el invierno volcánico de Toba llevó a la humanidad al borde de la extinción, con años de cielos llenos de cenizas “tapando” la luz solar, la vegetación de nuestros antepasados y, finalmente, la vida.

¿Y cómo fue posible sobrevivir a ello? Aunque todo son hipótesis, los investigadores creen que la vida era más fácil en la costa, no solo en general, sino en términos de antiguas técnicas de supervivencia bajo este tipo de eventos devastadores. Por eso sugieren que tal vez la vida costera, con su proximidad al océano y la vida marina que contiene, podría haber sido lo que llevó a estos humanos de la antiguedad a través de la oscuridad de un invierno volcánico mortal.

Sea como fuere, es solo una hipótesis, y lo que sí se puede asegurar ahora es que la gente de Sudáfrica ni se “inmutó” ante el poder de Toba hace 74 mil años, lo más parecido a un apocalipsis en 2 millones de años.

Fuente: gizmodo.com | Nature vía The Atlantic

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