Fuente: Pensamientos Magonistas

Palabras del maestro anarquista precursor de la Revolución Mexicana, Librado Rivera, pronunciadas tras regresar de la prisión estadounidense en la que fue testigo del asesinato de R.F.M., y después de más de 30 años de luchar por la libertad económica de los trabajadores de todo el mundo, 1927:

“En las escuelas oficiales se nos enseña que la patria es el lugar o el país en que se ha nacido. Palabras huecas, ambiguas y sin sentido. Yo digo que la patria nada tiene de común con nosotros los pobres, ni siquiera por el mero hecho accidental de haber nacido en ella. Desde pequeños se nos puede transportar a otra patria en donde nuestros afectos son más manifiestos y sinceros.

Los que se empeñan en enseñarnos a amar a la patria en donde nacimos, son los gobiernos, que nos pueden utilizar como carne de cañón para defender intereses que no son nuestros, sino que pertenecen a unos cuantos privilegiados.

¿Qué protección les da la patria a esa interminable caravana de trabajadores que a pesar de las leyes represivas de ambos gobiernos – el de México y Estados Unidos – cruzan la línea fronteriza a buscar trabajo más de cien mil obreros cada año?

Si fuera la patria como una madre cariñosa que da abrigo y sustento a sus hijos, si se les diera tierras y herramientas para sembrar, nadie abandonaría su patria para ir a mendigar el pan a otros países en donde se les desprecia y se les humilla.

Mentira que la patria pertenece a todos los que nacimos en ella. Pertenece a una pequeñísima minoría de acaparadores de la tierra y de las riquezas del suelo. Pertenece a los terratenientes, grandes negociantes y banqueros.

El peón, el caminante pobre que va atravesando las serranías, campos y ferrocarriles, por donde quiera que él transita va pisando terrenos y propiedades que no son suyos. Porque nada de lo que tiene la Madre Patria es suyo. Los petroleros, los terratenientes, las empresas mineras y ferrocarrileras, son los verdaderos dueños de la patria. Sólo cuando es necesario defenderla, los gobiernos encargados de proteger los intereses del rico, reclutan batallones de puros miserables que no tienen un terrón donde reclinar la cabeza, para arrojarlos a arrancar las entrañas a los hijos de otra patria que tampoco es de ellos, sino de otros acaparadores de aquellas tierras y de aquellas riquezas.

Las patrias son símbolos de odio eterno de unos pueblos con otros pueblos. Mientras existan patrias habrá guerras, jamás existirá la paz sobre la Tierra…”

-Fragmento de su discurso publicado en el periódico Avante, 1927.